EL DUELO EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

PAUTAS PARA ACOMPAÑAR EN EL DUELO A MENORES Y
PERSONAS CON DISCAPACIDAD

La situación en la que nos encontramos inmersos nos ha obligado a reorganizar nuestra vida de forma precipitada, pero también la muerte. Continuamente podemos ver en los medios de comunicación como aumenta a diario el número de fallecidos/as a casusa del coronavirus, pero además, muchas otras personas también fallecerán por el curso natural de la vida.  La muerte está siendo más dolorosa aún en estos días por todas las cosas que nos está arrebatando el COVID-19: personas que fallecen solas y familiares y amigos que ni pueden despedirlos ni pueden consolarse después con el abrazo de los suyos. Pero, ¿Cuál es la mejor forma para ayudar a menores y personas con discapacidad a afrontar el duelo en tiempos de coronavirus?

  • Las personas más cercanas, serán las más adecuadas para comunicar las malas noticias. Explícales abiertamente lo que ha sucedido. No usar eufemismos (“se ha ido”, “está dormido”,…). Háblale de que ha muerto y que no podéis volverle a ver. Estar pendiente de su reacción emocional, acogerla y muy importante  validarlas.
  • Explícale, que vuestro familiar se puso muy, muy, muy, muy malito / grave, para que cuando alguien se ponga enfermo, no crea que va a morir.
  •  No ocultar nuestros sentimientos en su presencia y responder a sus preguntas de forma sencilla y adaptada a su edad. Podéis llorar juntos, para que sepa que lo normal cuando muere un ser querido, es estar triste y necesitamos llorar como forma de desahogarnos, pero teniendo cuidado de no derrumbarte y poder seguir sosteniéndoles.
  • Los niños/as y personas con discapacidad no necesitan ser rescatados ni excluidos de la realidad que viven, necesitan ser incluidos, validados, escuchados, cuidados y acompañados. De esta manera, les estamos ayudando a sostener y superar situaciones difíciles en su vida. Lo adecuado es que se les informe y que ellos elijan si desean o no participar y de qué manera.
  • Ten disponibilidad para responder sus dudas, es muy posible que te pregunte si la persona fallecida tiene hambre, sueño o sed. Si no sabes qué responder y/o no conoces la respuesta no le engañes, no ofrezcas una realidad inventada, responde con honestidad diciendo que “en ese momento no lo sabes” o que “es muy difícil para ti responder a eso ahora”. Recuerda que toda persona, independientemente de la edad que tenga, necesita sentirse segura y cuidada, especialmente ante una situación de peligro y de impacto emocional importante.
  • Explícale por qué ahora no tenéis tanto contacto con otras personas significativas o no habéis podido despediros de vuestro familiar. Cuéntale que a sus amiguitos, profes y familiares, los queréis mucho pero que ahora hay como pequeños bichitos que podemos transmitir (utilizar cuentos como: “Rosa contra el coronavirus” disponible en internet), por eso hay que lavarse las manos y que necesitamos buscar una manera a modo de juego de poder transmitir amor sin estar presentes / en contacto continuamente, como por ejemplo: mandando besos voladores, pintando un trazo de dibujo y la otra persona contestando con otro trazo de dibujo, realizando video-llamadas con los compañeros, etc. Se trata de que su rutina sea lo menos cambiante posible.
  •  Permitir que exprese sus sentimientos y emociones: rabia, ira, tristeza, impotencia, etc… Pasados los primeros momentos del impacto y la expresión inicial del mismo, ofrecer otras alternativas que ayuden al niño/a a canalizar su dolor, por ejemplo: hacer un dibujo, escribir una carta, explicar por escrito cómo se siente, un cuento sobre lo ocurrido, etc… O la que el niño/a nos diga que le apetece.
  •  Al igual que a los adultos, a los niños/as se les acompaña desde su necesidad, sus formas y tiempos. No le impongamos la nuestra. Ante la duda, mejor preguntar y clarificar: “cuando me dices que tienes un nudo en el estómago, ¿cómo es esto para ti?”, “¿Me puedes explicar/dibujar tu rabia?”…
  • No debemos cortar su expresión con frases como: “tienes que ser fuerte”, “no llores”, “no está bien enfadarse así”… Validemos su emoción y expresión de sus sentimientos con la nuestra como adultos: “para mí también está siendo difícil”, “es normal llorar/enfadarse/asustarse, yo también he llorado/enfadado/asustado al enterarme”, etc…
  •  Dedicarle más tiempo: proporcionar compañía y afecto, aumentar las muestras de cariño, escucharle,… “Estoy aquí para ti”, “Lloramos y nos achuchamos juntos”,…
  • Garantizar la atención y el afecto. Si los padres están muy afectados, y no pueden asumir sus responsabilidades, es necesario que pidan ayuda profesional. Durante este tiempo es importante buscar una figura significativa que garantice las atenciones necesarias mientras los padres se recuperan emocionalmente.
  • Mantener una rutina diaria (en la medida de lo posible) para darle mayor seguridad ayudando a recuperar hábitos y propiciar una mayor sensación de control de la situación (horarios de comida, sueño, actividades, colegio, etc.)
  •  Evitar el contacto con imágenes o mensajes de lo sucedido a través de los medios de comunicación. Si esto no es posible, que las vean acompañados por un adulto que pueda acoger sus dudas, preocupaciones y emociones al ver estas noticias.
  • En ocasiones pueden creer que son culpables de parte o todo lo ocurrido. Pueden imaginar que algo que han dicho o pensado ha podido ocasionar la muerte de su ser querido. Es importante que le permitamos expresar y que nos cuente por qué y cómo cree que es responsable de lo ocurrido; de esta manera, podremos acompañar la expresión de su sentimiento de culpa, explorando su fantasía, su preocupación real y ayudándole a entender la realidad. Hay que pensar, que es posible que no nos digan que se sienten culpables y por eso, si no lo hacen, está bien que exploremos, por qué creen ellos que ha fallecido el ser querido.
  • Es importante valorar como se comentan los acontecimientos delante de los niños. No se debieran fomentar algunas ideas, como por ejemplo de venganza, como forma de resolución del problema ya que no es útil para reparar los sentimientos.
  • Es normal que en los primeros momentos vuelvan a hacer cosas que ya tenían superadas, tales como: no querer dormir solos/as y/o con la luz encendida, hacerse pipí o caca encima, chuparse el dedo, volver a gatear, mostrar miedo ante los desconocidos, etc. También es normal que algunos niño/as muestren el impacto inicial tras la noticia y vuelvan a jugar como si nada hubiese ocurrido. Incluso que no quieran que se les hable del tema. En estos casos, puedes decirle por ejemplo: “Cuando quieras hablar de lo ocurrido, estaré aquí. Otros en cambio, mostrarán una preocupación continua por lo ocurrido, llegando en ocasiones a ser excesiva y obsesiva. En estos casos, por ejemplo: facilitar expresión del miedo y preocupación, acompañar la emoción y luego, usar otras técnicas que les ayuden a regularse y sean más adaptativas para ellos/as (relajación, meditación, actividades de distracción, etc.)
  •  Cambios en su comportamiento y estado de ánimo: mostrar irritabilidad, agresividad, tristeza, falta de interés por cosas o situaciones que eran de su agrado (jugar, ir al cole, etc.), reclamar más atención y cariño, tener pesadillas o problemas con el sueño, miedo a la oscuridad, etc.
  •  Ante situaciones de estrés e impacto emocional es normal tener reacciones y síntomas físicos como: perder el apetito, náuseas y/o vómitos, comer en exceso, dolores de estómago o de cabeza, cansancio,… “sentirse enfermo/a”.

 

Existen múltiples recursos para poder abordar el concepto de pérdida y muerte y el proceso de duelo en los niños/as: libros, videos de YouTube, películas, juegos,… solo tienes que preguntarnos y te los facilitamos adaptados a la edad de la persona en cuestión.  Para más información no dudes en contactar con nosotros llamando o escribiendo un Whatsapp al número de teléfono 636090517 o un e-mail a info@renaixcentrepsicologia.com

 

Referencia:

       Guía para personas que sufren una perdida en tiempos del coronavirus (COVID-19)

       Hablemos del Duelo. Manual práctico para abordar la muerte con niños y adolescentes. Incluye un apartado dedicado a la discapacidad intelectual.

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